jueves, 27 de octubre de 2011

Prácticas resueltas Tema 4 - 2º Bach.

La del libro, página 47, a sabiendas de que es muy amplio... y no todo hace falta, ya sabéis, más o menos lo que vimos en clase hoy:

La cuenca del Duero se sitúa en el cuadrante noroccidental de la península Ibérica. Es la más extensa de la Península (97.290 km², según datos de la Confederación Hidrográfica) y la segunda de España después de la del Ebro (el 81 % de su cuenca –78.952 km²– corresponden a territorio español y el 19 % restante –18.338 km2– a territorio portugués). Además de internacional, es una cuenca intercomunitaria: abarca el territorio de siete Comunidades Autónomas; la mayor parte de dicho territorio, en su tramo español, corresponde a Castilla y León (98,32 %), distribuyéndose el restante 1,68 % entre Galicia, Cantabria, La Rioja, Castilla-La Mancha, Extremadura y Madrid.
Geológicamente la cuenca del Duero está constituida por una unidad bien definida, la depresión del Duero y por los bordes de la misma. La depresión del Duero se configura como una cubeta, de sedimentos terciarios y cuaternarios, lacustre y continental.
Desde el punto de vista geográfico es una depresión llana y elevada, bordeada por sistemas montañosos. Casi toda la cuenca se encuentra por encima de los 700 m de altitud (solo el 1,9 % de su superficie está por debajo de esa cota), estando el 66 % entre los 700 y los 1.000 m, el 31 % entre los 1.000 y los 2.000 m y únicamente el 1,1 % por encima de los 2.000 m. La altitud media oscila entre los 700 y los 800 m.
La cuenca del Duero está rodeada, salvo al oeste, por una orla montañosa bien definida: por el noroeste, el macizo Galaico-Leonés; por el norte, la Cordillera Cantábrica, con cumbres que sobrepasan los 2.000 m, como la de Peña Prieta (2.535 m); por el noreste, el Sistema Ibérico, desde Burgos a Soria y hasta el macizo del Moncayo (2.316 m); y por el sureste y sur, el Sistema Central, con su cota máxima en el Pico del Moro Almanzor de 2.592 m, la mayor elevación de la cuenca. Hacia la frontera con Portugal el cauce del Duero cae en la confluencia del río Águeda a tan solo 125 m.
La cuenca del río Tajo tiene forma alargada, porque queda encajada entre el Sistema Central, al norte, y los Montes de Toledo, al sur. Ocupa una extensión de 80.600 km² (ver pág. 86 del libro, tema 3), 55.810 km² de ellos en España, que se reparten entre cinco Comunidades Autónomas: Castilla-La Mancha, Extremadura, Madrid, Castilla y León y Aragón. En cuanto a la litología y al relieve, es muy parecida a la cuenca del Duero. Hay que tener en cuenta que ambas depresiones formaron parte del macizo Hespérico, levantado en la orogenia herciniana y posteriormente erosionado. Durante la orogenia alpina este macizo, compuesto por rocas muy duras, se fracturó, dejando hundidas las dos Submesetas. Se formaron en ellas grandes cuencas interiores con lagos superficiales, que con el tiempo fueron desecándose y rellenándose con sedimentos de la Era Terciaria, donde han actuado procesos erosivos durante el Cuaternario. La cuenca del Tajo tiene una altitud media algo menor que la del Duero y presenta también un relieve llano.
Las altitudes de la depresión del Tajo son muy variables, disminuyendo desde el extremo noreste al borde occidental. Así, mientras en los llanos de la Alcarria las cotas están próximas a los 900 m, en Aranjuez descienden por debajo de los 500 m, y al sur de Coria, a poco más de 200 m. Por ello algunos de los afluentes del sector medio del Tajo (el Alberche y el Alagón, por ejemplo) han capturado parte de la original cuenca del Duero, favorecidos por la diferencia altimétrica entre ambas fosas.
Los rebordes montañosos de la cuenca del Tajo solo alcanzan cotas elevadas en el Sistema Central, sobre todo en los sectores medio y oriental –sierras de Béjar, Gredos y Guadarrama–, donde se sobrepasan con relativa frecuencia los 2.000 m.
La cuenca del Ebro se sitúa en el cuadrante nororiental de la península Ibérica y ocupa, según la Confederación Hidrográfica, una superficie total de 85.362 km2, de los que el 98,89 % corresponde a España. Es la cuenca más extensa de España, representando el 17,3 % de todo el territorio peninsular. Sus límites naturales son: por el norte, la Cordillera Cantábrica y los Pirineos; por el sureste, el Sistema Ibérico, y por el este, el Sistema Costero-Catalán.
          La cuenca del Ebro ocupa una de las grandes depresiones externas a la Meseta. Presenta una disposición general en cubeta, en la que las cordilleras ocupan las zonas periféricas: al norte, los Pirineos, los Montes Vascos y la parte oriental de la Cordillera Cantábrica; al sur, el Sistema Ibérico; y al este, el Sistema Costero-Catalán. Estos sistemas montañosos dejan entre sí una zona deprimida de topografía más llana, la depresión del Ebro.
            Morfológicamente, la depresión del Ebro presenta una forma triangular, con los lados mayores constituidos por dos cordilleras, el Sistema Ibérico y los Pirineos, convergentes en el noroeste, que dejan entre sí una depresión de mayor anchura al avanzar hacia el este. Tiene, por tanto, forma de triángulo isósceles con su base al este, en la zona de la desembocadura del río, y el vértice en el nacimiento del Ebro; en su mayor parte se sitúa por debajo de los 500 m de altitud. El río Ebro corta transversalmente la Cordillera Costero-Catalana, tercer lado del triángulo, poco antes de su desembocadura.
            Su origen está ligado a la formación de los Pirineos. Al comenzar la orogenia alpina el antiguo macizo se hundió bajo las aguas y quedó cubierto por profundos estratos sedimentarios. Posteriormente, y a lo largo de la Era Terciaria, fue desecándose y rellenándose con materiales sedimentarios que la erosión traía de las montañas de alrededor.
            La cuenca del Guadalquivir ocupa (ver pág. 86 del libro) una extensión de 57.071 km², que se reparten entre cuatro Comunidades Autónomas, de las que Andalucía representa más del 90 %.
            El territorio de la cuenca pertenece a tres grandes unidades litológicas y estructurales principales: la Meseta, los Sistemas  Béticos y, sobre todo, la depresión del Guadalquivir.
            La depresión del Guadalquivir es una amplia llanura de forma triangular y abierta al mar. No tiene apenas accidentes del relieve destacables y su altitud media es muy baja, en torno a los 150 m. Esta gran cuenca quedó sumergida bajo el mar durante la Era Terciaria; desde entonces ha seguido un lento proceso de colmatación. La presencia de las marismas y zonas de inundación en Cádiz y Doñana ponen de manifiesto este proceso.
            A diferencia de la depresión del Ebro, en la del Guadalquivir hay mayor variedad de rocas; la sedimentación marina ha dejado materiales homogéneos. Como resultado, el modelado fluvial apenas ha establecido algunas terrazas, pequeñas lomas y colinas. Las arcillas son los materiales más abundantes, por lo que es una zona muy fértil.
             La cuenca está delimitada por Sierra Morena al norte, los Sistemas Béticos al sur y el océano Atlántico al oeste. La orla montañosa que delimita la depresión del Guadalquivir, con altitudes comprendidas entre los 1.000 y los 3.140 m, contrasta con la escasa altitud del amplio valle del río Guadalquivir.
            A modo de resumen se puede concluir que la cuenca más extensa de España es la del Ebro, seguida por la del Duero, que es la que presenta una mayor altitud media. Estas dos están situadas sobre extensas áreas sedimentarias sin grandes accidentes tectónicos, por lo que presentan forma de «pera», que es la ideal para una cuenca hidrográfica. Por el contrario, las cuencas del Tajo y del Guadalquivir (esta es la que presenta una menor extensión –por lo que a territorio nacional se refiere– y menor altitud media) tienen forma alargada porque, pese a situarse también sobre áreas sedimentarias, su desarrollo ha estado condicionado por una estructura en grandes fallas.

Y ya de paso os incluyo la solución del ejercicio que hicimos de la página 18:

En el relieve español se distinguen los macizos antiguos y las cordilleras de plegamiento.
Los macizos antiguos (el Sistema Central, los Montes de Toledo, el Macizo Galaico-Leonés y la mitad occidental de la Cordillera Cantábrica) son los sectores del zócalo que fueron afectados por la orogenia alpina y se deformaron y rejuvenecieron, por lo que se originaron montañas medias. Al igual que los zócalos, están formados por materiales paleozoicos (silíceos), materiales rígidos que  al ser presionados han dado lugar a bloques fracturados que forman horst y graben.
Las cordilleras de plegamiento son relieves montañosos cuyos materiales se han visto afectados por presiones laterales, formando estructuras plegadas. Su origen está unido a la orogenia alpina y se pueden diferenciar dos tipos:
– Las cordilleras alpinas (los Pirineos y los Sistemas Béticos) alcanzan máximas altitudes, de vertientes abruptas y perfiles quebrados. Se han formado a partir de la acumulación de potentes capas de sedimentos en depresiones marinas durante el Secundario (geosinclinal) que la orogenia plegó y levantó, y así nacieron las cordilleras.
– Las cordilleras o cadenas de cobertera (el Sistema Ibérico y la mitad oriental de la Cordillera Cantábrica) se han formado a partir de un borde de zócalo sobre el que descansa una cobertera sedimentaria. La orogenia alpina deformó el conjunto, fracturó y plegó la cobertera.
En cuanto a los tipos y caracteres de depresiones y mesetas, se diferencian dos tipos: los zócalos y las cuencas sedimentarias.
Los zócalos se han formado a partir del arrasamiento total de antiguas cordilleras paleozoicas y presentan formas llanas o abombamientos de amplio radio. Están compuestos por materiales muy rígidos: granito, gneis, pizarra, cuarcita… Aparecen en la mitad occidental de la Península y en el sector de las penillanuras castellanas y extremeñas.
Las cuencas sedimentarias son relieves de morfología relativamente llana que han sido recubiertos por sedimentos tras una subsidencia o hundimiento de la corteza terrestre. Se formaron a lo largo del Terciario, con la orogenia alpina, y están compuestas por materiales sedimentarios (calizas, arcillas y margas) dispuestos en estratos horizontales. Se diferencian dos tipos:
        Las cuencas interiores castellanas, formadas a partir de la fractura y hundimiento de un bloque del zócalo en la orogenia alpina, que han sido colmatadas con los sedimentos procedentes de las montañas circundantes.
   Dos cuencas sedimentarias prealpinas (Ebro y Bética o del Guadalquivir), cuyo hundimiento está relacionado con la formación de las grandes cordilleras alpinas que se levantan junto a ellas.
(Para completar la respuesta, ver el epígrafe 4, «Relieves morfoestructurales», en las páginas 18-19 del libro de texto.)

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